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martes, 26 de febrero de 2013

Sobre el silencio

Es la nostalgia. Es el miedo. Son los sueños. Es la soledad que amenaza desde lo oscuro. Es no saber y querer, aun así, que lo sentido y lo imaginado coincidan. Es la duda. Son las preguntas sin responder. Son las ganas de correr hasta donde me espera para decirle: Está bien, lo sé todo.
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Cuando nuestro conocimiento de una materia depende de las palabras de otros, no hay forma de determinar si lo que dicen es todo o solo una parte. (...) No sirve imaginar, no sirve preguntar. En el presente no existen las palabras.

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Me gustaría, pero no hay un comienzo ni una fecha concreta. Sé cuando acaba el antes pero desconozco en qué momento arranca el después. Se trata de algo que afecta al conjunto de esos años que empiezan. Algo que acontece sin darme cuenta. Algo que se halla en esos días iguales los unos a los otros, en la repetición de los abrazos (...).

París, Marcos Giralt Torrente

domingo, 13 de enero de 2013




(Ted Hughes)

(...)
Y años después, ascendió
expuesto como una radiografía
el mapa de tu cerebro aún con parches negros
con cicatrices de tierra quemada,
desde tu retiro. Y tus palabras
eran a contraluz rostros
sujetándose las entrañas.

                                               (Amy Hempel)

Un viaje de cinco horas equivale a tres días con sus noches de viaje en tren, de orilla a orilla.

Puedes ir marcando con tiza las horas que llevas de viaje en el respaldo del asiento delantero. Pero unas setenta horas no te parecerán tan largas si antes de dices a ti misma: «Voy al lugar en el que pasaré el resto de mis días.»


Soldiers of the Sky, Nickolas Muray 

sábado, 5 de enero de 2013


"Actualizadas y explicadas en palabras, sus impresiones se podían resumir del modo siguiente: la muerte era de una naturaleza piadosa, significativa y tristemente bella, es decir, espiritual; pero, al mismo tiempo, también poseía una segunda naturaleza, casi contraria, muy física y material que, desde luego, no se podía considerar bella, ni significativa, ni piadosa, ni siquiera triste. La naturaleza solemne y espiritual se expresaba en la suntuosa mortaja y ataúd del difunto, las magníficas flores y las palmas que, como se sabe, significaban la paz celestial; además, y más claramente todavía, en el crucifijo entre los fríos dedos de lo que fuera el abuelo, en la figura del Cristo bendiciendo de Thorwaldsen, que se hallaba en la cabecera del féretro, y en los dos candelabros que se alzaban a ambos lados, los cuales, en aquella ocasión, habían adquirido igualmente un carácter sacro. Todas aquellas disposiciones claramente hallaban su sentido y su buen fin en la idea de que el abuelo había adoptado su forma definitiva y verdadera para siempre. Pero además, como muy bien captó el pequeño Hans Castorp, aunque no quiso reconocerlo, todo aquello, y especialmente a su vez, la enorme cantidad de flores (y, entre éstas, en particular de nardos) tenía otro sentido y otro fin más prosaico: mitigar ese otro aspecto de la muerte que no es ni bello ni realmente triste, sino más bien casi indecente, bajo, indignamente físico; hacer olvidar o impedir tomar conciencia de la muerte.
    A esta segunda naturaleza de la muerte se debía que el abuelo difunto pareciese un abuelo tan alejado que en realidad ya ni siquiera pareciese el abuelo, sino más bien un muñeco de cera, de tamaño natural, que la muerte había cambiado por la persona y al que ahora se rendían tan píos y fastuosos honores. El que yacía allí, o mejor dicho: lo que se hallaba allí tendido no era, pues, el abuelo, sino sus restos mortales que, como bien sabía Hans Castorp, no eran de cera, sino de su propia materia, pero sólo de materia vacía, y precisamente eso era lo indecente y ni siquiera triste; tan poco triste como lo son las cosas que conciernen al cuerpo y sólo a él”.
La montaña mágica, Thomas Mann

miércoles, 26 de diciembre de 2012

"Se es de donde se quiere ser y se pertenece a quienes se desea pertenecer".

Paraíso inhabitado, Ana María Matute

sábado, 3 de noviembre de 2012

(Suite francesa, Irène Némirovsky)

"Se oían cañonazos bastante lejanos, pero, a medida que se acercaban, todos los cristales temblaban en respuesta. En habitaciones cálidas con las ventanas cuidadosamente tapadas para que la luz no se filtrara fuera, nacían criaturitas, y su llanto hacía olvidar a las mujeres el aullido de las sirenas y la guerra. En los oídos de los moribundos, los cañonazos parecían más débiles y carentes de significado, un ruido más en el siniestro rumor que acoge al agonizante como una ola. Acurrucados contra el cálido costado de sus madres, los pequeños dormían apaciblemente, chasqueando la lengua con un ruido parecido al cordero al mamar. Los carretones de las vendedoras ambulantes, abandonados durante la alerta, esperaban en la calle, cargados de flores frescas."



jueves, 18 de octubre de 2012



                                                                                     (Of mice and men, John Steinbeck)

"I see hundreds of men come by on the road and on the ranches with their bindles on their back and that same damn thing in their heads. Hundreds of them. They come, and they quit and go on; and every damn one of them has got a little piece of land in his head. And never a God damn one of them ever gets it. Just like heaven. Everybody wants a little piece of land. I read plenty of books out there. Nobody never gets to heaven, and nobody never gets no land. It’s just in their head. They're all time talking about it, but it's just in their head". 



jueves, 11 de octubre de 2012

Mujeres


                                                           
                                          
                                                                                  (Imogen Cunningham)

Remitirse a la sed. Son sólo dos extractos, saben a desierto, a la sed en medio de un desierto (?). Esto es un tipo de desolación persistente. No quise hablar como si escribiera un telegrama. STOP. Qué estúpida frase (esto es un tipo de desolación persistente... ¿cuál no?). Aunque quisiera mandar un telegrama no podría hacerlo, en realidad, eso me importa más bien poco. Sudor¿Contra quién se golpea, contra quién se escupe, contra quién se estrellan las incógnitas sin devolvernos nada?  


1-"Cuando me corría sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí. Básicamente deseaba prostitutas porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal. Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido. Un hombre fuerte pasaría de ambos tipos. Yo no era un hombre fuerte. Así que continuaba bregando con las mujeres, con la idea de las mujeres".


2-"Cogí mi botella y me fui al dormitorio. Me quité los calzones y me eché en la cama. Nada estaba en armonía. La gente sólo abrazaba a ciegas lo que se pusiese delante: Comunismo, comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo, orgías, paseos en bicicleta, hierbas, catolicismo, adelgazamiento, viajes, psicodelia, vegetarianismo, la India, pintar, escribir, esculpir, componer, conducir, yoga, copular, apostar, beber, andar por ahí, yogurt helado, Beethoven, Bach, Buda, Cristo, jugo de zanahorias, suicidio, trajes hechos a mano, viajes en jet, Nueva York, y de repente todo se evaporaba y se perdía. La gente tenía que encontrar algo que hacer mientras esperaba a la muerte. Supongo que está bien poder elegir.
 Yo hice mi elección. Cogí mi botella de vodka y me pegué un buen trago. Los rusos conocían el tema". 

Mujeres, Charles Bukowski