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domingo, 24 de junio de 2012

Lo que olvidan los mapas y guías de viaje

Ignoras a qué sabe la tierra, a qué distancia exacta aguardará esta vez lo que terminará muriendo en los trayectos. Las chamizas de tierra seca no atienden ningún llanto: ni siquiera los gritos de las parturientas conmueven un milímetro su armadura arcillosa.

Allí los cementerios no suelen tener lápida, para qué si la boca que quiere nombrar al que se ha ido escucha más alto el bombear de la sangre en su estómago. ¿Hacia dónde se yergue el luto? Puede que las moscas acompañen los cuerpos. Eso es todo, no vale la pena detenerse en el porvenir de un esqueleto nuevo ahora que frente a ti asoma un niño. Sonríe, parece vislumbrar un horizonte abriéndose en posibles, aunque tan solo algunos burlen al camposanto. Tiene las manos extendidas, igual que quien resiste de una manera pura: como cuando golpea el Sol entre los ojos y los cierras aprisa, incapaz de intuir otras opciones. 

Su boca descansa en el pecho que llena sus dientes de leche, a él le sanan sólo los brazos tendidos al futuro. Y sin embargo, tiene también azul el rastro del dolor. Recuerda las palabras del chamán, cada mezcla esparcida en una tabla, los olores cítricos y el suave ir y venir de canciones sibilantes y manos que se chocan invocando a otra mano infinita. A otra mano capaz de interceder. Se pregunta si el cielo esperará a los niños que se marchan sin haber usado jamás unos zapatos. A los niños-esqueleto de espiga, a los niños-ancianos, a los niños-reflejo del mundo que duerme abrazado a ese otro horizonte al que asfixia. 



                                                      (Fotografía de Walter Astrada)

                               

domingo, 29 de abril de 2012

Apagamos las manos

"Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.
Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa
hacia su patria remota.
(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga
sobre las olas.)

Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.
Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

Antes, entonces, con qué gozo ardiente,
con qué prodigioso encenderse de aurora
modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,
nuestra cálida hora.
Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso
pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.

Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,
como astros sin luz que se ignoran.
Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos
mientras en torno el amor se desploma.

Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)
Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.
Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo
que el alma se niega si el cuerpo se niega.
Que nunca se logra si el cuerpo se logra.

Dejamos encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.

 
Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca".

José Hierro.