jueves, 20 de diciembre de 2012

Hablan de un mundo que se agota,
pero es antigua la seña inscrita en los postigos
como el envés de un vaso ya quebrado.
Dime, ¿cómo conoces tú que la sangre es espesa?

Alzo los ojos lentamente
         para observar
la procesión de pájaros,
un rezo equiparable
al murmullo de un tren que descarrila.

El café de la mañana es negro
pero no significa para mí ningún augurio:
la sordidez es cosa del latido.


domingo, 16 de diciembre de 2012

"Enderezo con letras mi memoria. Mi deuda es no olvidar lo
 que amo, aquello que ha supuesto mi decisión o la lucha.

                                              Pongo a remojo la conciencia.

Este es mi único empeño y nada del pasado va a cambiar".

                                                     Ana Martín Puigpelat


    
Ina at East Hampton, Jeanloup Sieff

lunes, 10 de diciembre de 2012


Rojo

El rojo era tu color.
Si no había rojo, blanco entonces. Pero rojo
era lo que envolvía tu alrededor.
Rojo sangre. ¿Era sangre?
¿Era ocre rojizo, para confortar a los muertos?
Hematita para hacer inmortales
los preciosos huesos enredados, los huesos de familia.

Cuando al fin te saliste con la tuya
nuestra habitación fue roja. Una sala de juicios.
Un cofre cerrado para gemas. La alfombra de sangre
decorada con diseños oscurecidos, como coágulos.
Las cortinas –sangre rubí de pana,
cataratas de pura sangre del techo al suelo.
Igual los cojines. El mismo 
rojo carmín en los bancos bajo la ventana.
Una celda marcada. El templo de un altar azteca.

Sólo las estanterías escaparon en su blancura.

Y fuera de la ventana
amapolas finas y frágiles
como piel sobre la sangre,
salvias, de las que tu padre tomó tu nombre,
como sangre brotando de una laceración,
y rosas, las últimas gotas de tu corazón,
arteriales, catastróficas, condenadas a muerte.

Tu falda larga de terciopelo, un manchón de sangre,
espléndido color borgoña.
Tus labios bañados de carmesí profundo.
Te deleitabas en el rojo.
Yo lo encontraba duro –como los bordes crujientes de gasa
en una herida reseca. Quise tocar
ahí una vena abierta, la costra del destello.

Todo lo que pintabas lo pintabas  blanco
y luego lo salpicabas con rosas, lo derrotabas así,
inclinándote, ponías chorreantes rosas,
rosas lagrimosas, rosas y más rosas,
y a veces, entre ellas, un pequeño pájaro azul.

El azul hubiera sido mejor para ti. Azul son alas.
Sedas azules como el martín pescador de San Francisco
envolvieron tu embarazo
en un crisol de caricias.
El azul era tu espíritu cordial –no el necrófago demonio
electrificado, sino un guardián, solícito.

En el foso del rojo
te escondías de la blancura de hueso de la clínica.

Pero la joya que perdiste era azul.


TED HUGHES, traducción de Luis Antonio de Villena.

jueves, 6 de diciembre de 2012

   Acudir al cuaderno como una alimaña a su guarida cuando arrecia la tormenta. Acudir en infinitivo. Para hacerlo habitable sin el mí. Retraer las uñas. Recortarlas al máximo, para no herir la piel regenerada. 

   Necesitada de piel para soportar. Los golpes; la pena, no: la pena es el mí vuelto hacia sí, considerándose. Sin pena. Sólo el agujero, enorme. Describiendo círculos agarrada al filo, soportando el vértigo. Y la náusea.

   No hacer. Sólo estar. En el filo. Agarrada. Con la náusea. 

   -Alguien piensa el tiempo. Dice el tiempo cura. No, sólo se hacen más profundos los surcos que prolongan los labios.

                              
                                 Bélgica, Chantal Maillard




Day Dream, 1980. Andrew Wyeth 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Y tal vez sí queramos decirlo


1
"No todo fue naufragar"

2
"Vivir era búsqueda y no una guarida"

3
"Por haber creído que amar era el verbo más bello..."







Me pregunto si el orden debió ser otro. En todo caso, existió uno y se parecía bastante a este: 

1
viniste a preguntar algo sobre el invierno, sobre cómo éste escogió su límite en los ojos que se buscan y logró reparar un juego de estufas averiado porque así se lo habían pedido sus dueños.

2
Citaste a algún autor reconocido, divagando sobre la necesidad de confiar en que los trazos que se salen del papel van a ser vistos por alguien, estimados por alguien. Yo no pensaba en nada, cuando tengo los pies helados en mi mente existe un único deseo insatisfecho: regresar a casa. 

3
No fuimos suficientemente cautos como para contemplar esa posibilidad. 

4
Deberíamos habernos marchado inmediatamente, asegurarnos de que allí -y allí es sólo una manera cobarde de decir entre ambos- jamás podría florecer nada. 

5
Adorar patéticamente el rito de la sangre hubiera significado, a todas luces, un exceso; pero lo habría facilitado todo: el daño es buena brújula si uno quiere empezar a despedirse.

6
También podríamos haber sido tenaces, fugitivos, racionales; habernos extrañado como un contorsionista de circo añora los ojos que le miran intensa y vorazmente desde las gradas, unos ojos con los que -él lo sabe mejor que nadie- no se cruzará de nuevo.

                                                                             *

Sí, quizá el no principio hubiera sido un mejor orden de las cosas. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

(i)

Regresó con las pupilas llenas
y eso siempre escuece en la garganta

(porque el dolor sí,
el dolor desfigura los sentidos,
configura los sentidos).

                    *

Hay maneras de morir en Occidente
pero se oculta la sangre,
pero se adora lo aséptico,
pero la muerte es frágil
como un ramo de flores.

Entonces el polvo es sólo para los niños sucios,
para los cuerpos sucios,
para los mundos sucios tejidos de fronteras,
acuerdos bilaterales, resoluciones de la ONU,
un transcurrir de heridas y de gasas.
El hedor a orín de los orfanatos,
los enfermos mentales saludando en la puerta,
las vendedoras de abalorios,
el agua para desentumecernos,
la danza de los cuervos sobre el río:
la maravilla aquí es no olvidar la muerte,
la Humanidad pariendo
aunque después
reniegue de sus vástagos.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Tu día

Ha amanecido el día en lámparas de aceite,
palabras que rezuman un hambre
de hogaza y dignidad.

Mañana es tiempo de equipaje,
te he nombrado hoy,
han dicho:
92 años.
(No importa,
ahora que desconoces
la rutina del reloj).

También yo voy a marchar,
pero no al barro-vientre de la tierra;
sobre el motor helado
de un avión
-es frío lo que arde,
acuérdate-
pienso escindir el cielo en dos mitades.


el deseo es regresar,
siempre regresar,

al tiempo de las velas.