viernes, 10 de agosto de 2012

Desaprender el miedo

Despedir a los días. Despedir cada cosa que se agota, que carcome tus márgenes y a veces te golpea en las costillas. Despedir lo que cae entre los ojos y te llena de agua o de granizo. Despedir lo que no tiene hueco, como la ropa colocada en una silla o un horizonte fugaz y anaranjado justo antes de caer la noche lentamente. Lo que no tiene hueco es sólo un recordatorio cruel: antes hubo un espacio que sí estuvo lleno con lo que hoy rechazas. Estar desposeído de lo que ya viviste no es una cosa fácil, decías en esas escasas ocasiones en las que rememorabas el paso de otras amantes por tu vida o algún episodio especialmente significativo o doloroso para ti.

Estar desposeída, me repito justo ahora; y me doy cuenta de que algunas veces necesito asirme a palabras tibias, alejar un instante la necesidad, lo imperioso, empeñarme durante un segundo en decir adiós sin emitir ningún sonido, sin agachar la vista y sin tocar otra vez la cicatriz. Como si el daño o el recuerdo fueran tan solo el peso leve de una pluma.

jueves, 19 de julio de 2012

Inventarios de sal

Pasos sencillos: como cuando alguien captura tu huella y la estampa en un nuevo pasaporte, primero el roce de la tinta, breve, después la percepción de lo duradero, lo físico, lo palpable. Finalmente, la constatación de que los horizontes se siguen extiendiendo aun cuando estrechas dentro de ti las flores muertas, el rastro de caracoles derribados por las suelas de goma, el olor a incienso si necesitas que tu cabeza sea una tabla rasa, un campo a punto de la siembra. 

Cuanto más te duele respirar el aire entre arboledas inmensas, más agradece tu respiración ese resuello puro. Hubieras preferido no tener que abrir las manos para recoger los cristales pero no se puede caminar eternamente sobre ellos. Te salva ver la sangre, intuir el cese de la herrumbre, de los quistes: aceptas, al fin, que negarte es mutilar tu sombra. Y recuerdas también el frescor de los primeros días de Mayo, tiembla tu pecho de futuro...


domingo, 15 de julio de 2012

Derramarse sin centro y sin contornos

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
Luis Cernuda



Daniel Johnston
                                              
 

Cuando cruzas el parque y yo te espero
sentada con un libro en las rodillas,
comprendo un poco más acerca
de los lazos y el estertor violeta
que engarza a los amantes
en un latido agónico y sediento.

Algo puedo intuir de sus ensoñaciones,
en la celeridad
con que sucede todo,
en la escasa mesura
del tacto coronando en sudor
lo extenso y lo finito,
derramando la luz sin centro,

sin contornos.

             

miércoles, 4 de julio de 2012

Balance, hoja de ruta.


"I don't want a purpose
     in your life
I want to be lost among 
    your thoughts
the way you listen to New York City
when you fall asleep".
Leonard Cohen

Ha cambiado todo desde que aterricé aquí. El color de las paredes, contemplar el mar a una calle de distancia, escuchar conversaciones que no consigo comprender en su totalidad –aunque eso no es completamente nuevo-, beber chocolate caliente cuando llego a casa (a una casa que no es mi casa y que quizá por eso acaricia menos y duele también menos) tiritando y con la pechera de la cazadora cubierta de un granizo espeso que tarda minutos en desaparecer. Observar a parejas cómplices abrazarse a la salida de la escuela, del trabajo, de la biblioteca, a veces también del hospital (hay uno a apenas seiscientos metros del vecindario); y observar también, en un pub repleto de jóvenes y de cerveza negra rebosando en la barra, a parejas que una hora antes no se conocían buscarse con las palmas de las manos para encontrar a veces esqueletos, amantes que jamás responden no. 

Dije que había cambiado todo, pero yo ya había visto muchos besos y muchas búsquedas antes, en otro escenario, es cierto, pero un cambio de sendero no siempre implica un cambio de destino. Además, hay algunas cosas que permanecen intactas. Las que arañan furiosamente mi pose de persona pausada y hermética, afanadas en hacerme ver que lo que hubiera querido dejar en la puerta de embarque tiene textura ósea y sal y fajines de cartas y memoria de asientos traseros; y fisuras y rotos y carcoma en lo incierto y lo soñado. De eso nadie va a despojarme en ningún control de seguridad. Ojalá alguna compañía aérea tuviera esa delicadeza, la de emprender el vuelo sin la carga que dejan las heridas...




viernes, 29 de junio de 2012

Más allá de grafías no me nombro,
                                                    ¿no es triste tener voz 
                                                    si todo lo conoce
                                                    con equidad distante? 


                                                  

domingo, 24 de junio de 2012

Lo que olvidan los mapas y guías de viaje

Ignoras a qué sabe la tierra, a qué distancia exacta aguardará esta vez lo que terminará muriendo en los trayectos. Las chamizas de tierra seca no atienden ningún llanto: ni siquiera los gritos de las parturientas conmueven un milímetro su armadura arcillosa.

Allí los cementerios no suelen tener lápida, para qué si la boca que quiere nombrar al que se ha ido escucha más alto el bombear de la sangre en su estómago. ¿Hacia dónde se yergue el luto? Puede que las moscas acompañen los cuerpos. Eso es todo, no vale la pena detenerse en el porvenir de un esqueleto nuevo ahora que frente a ti asoma un niño. Sonríe, parece vislumbrar un horizonte abriéndose en posibles, aunque tan solo algunos burlen al camposanto. Tiene las manos extendidas, igual que quien resiste de una manera pura: como cuando golpea el Sol entre los ojos y los cierras aprisa, incapaz de intuir otras opciones. 

Su boca descansa en el pecho que llena sus dientes de leche, a él le sanan sólo los brazos tendidos al futuro. Y sin embargo, tiene también azul el rastro del dolor. Recuerda las palabras del chamán, cada mezcla esparcida en una tabla, los olores cítricos y el suave ir y venir de canciones sibilantes y manos que se chocan invocando a otra mano infinita. A otra mano capaz de interceder. Se pregunta si el cielo esperará a los niños que se marchan sin haber usado jamás unos zapatos. A los niños-esqueleto de espiga, a los niños-ancianos, a los niños-reflejo del mundo que duerme abrazado a ese otro horizonte al que asfixia. 



                                                      (Fotografía de Walter Astrada)

                               

miércoles, 20 de junio de 2012


"In people’s eyes, in the swing, tramp, and trudge; in the bellow and the uproar; the carriages, motor cars, omnibuses, vans, sandwich men shuffling and swinging; brass bands; barrel organs; in the triumph and the jingle and the strange high singing of some aeroplane overhead was what she loved; life; London; this moment in June." Mrs Dalloway, Virginia Woolf