viernes, 31 de mayo de 2013


"Aún pareció que podríamos abrirnos paso entre el gentío, que en un momento estaríamos juntos. Tan inevitable, sin embargo, como que seguiríamos nuestro camino. Y eso hicimos. No hubo un grito entrecortado, ni una mano en el hombro cuando llegué a la acera. Sólo el destello que capté en uno de sus ojos, apenas más abierto que el otro. El ojo izquierdo, tal como lo recordaba, siempre el izquierdo, que le daba aquella expresión de extrañeza, alerta y asombro, como si se le acabara de ocurrir una idea tan descabellada que diera risa.

Para mí fue igual que cuando me marché de Amundsen en aquel tren, todavía aturdida y perpleja. 

La verdad es que en el amor nada cambia demasiado".

Mi vida querida, Alice Munro



miércoles, 22 de mayo de 2013

Ajuar para una boda



una novia pintada
extenuación
antes del brindis.

Acerca de la nieve
alguien dijo:
blanca, fría.

pero se dice himen
y hay quien piensa
también
metálico argumento:
castidad.

Toda la sangre
esparcida,
habitación ajena:
se consagra el dolor
y nadie gime.

domingo, 12 de mayo de 2013

Tres extractos de una novela bellísima.


Las personas que acaban de perder a alguien tienen una mirada que quizás sólo reconozcan los que han visto esa mirada en su propio rostro. Yo la he visto en mí y ahora la veo en otros. Es una mirada de extrema vulnerabilidad, desnudez y sinceridad. Es la mirada de quien sale de la consulta del oftalmólogo con las pupilas dilatadas a la radiante luz del día o la de quien suele llevar gafas y de repente le obligan a quitárselas. Las personas que han perdido a alguien parecen desnudas porque ellas mismas se creen invisibles. Yo misma me sentí invisible durante un tiempo, incorpórea. Me parecía haber cruzado uno de esos ríos y haber entrado donde sólo podían verme aquellos que recientemente habían sido privados de un ser querido. Comprendí por primera vez la poderosa imagen de los ríos, la laguna Estigia, el Leteo, el barquero con su capa y su remo. Comprendí por primera vez el significado de la práctica del suttee. Las viudas no se arrojaban a la pira por el dolor de la pérdida. La pira ardiente era una precisa representación del lugar al que su dolor (no sus familias, ni la comunidad, ni la costumbre, sino su dolor) les había conducido. La noche que John murió faltaban treinta y un días para nuestro cuarenta aniversario. Ya habrán adivinado que "la sabiduría intensamente dulce" de los últimos versos de "Rose Aylmer" fuera inaccesible para mí. 

   Yo quería más de una noche de recuerdos y suspiros.
   Yo quería gritar.
   Yo quería que volviera.


(...)

-Maldita sea- me dijo John cuando cerró el libro-. No se te ocurra volver a decirme que no sabes escribir. Ese es mi regalo de cumpleaños.
Recuerdo que se me llenaron los ojos de lágrimas.
Las siento ahora.
Visto retrospectivamente, éste había sido mi augurio, mi mensaje, la temprana nevada, el regalo de cumpleaños que nadie más podía hacerme.
Le quedaban veinticinco noches de vida.

(...)

Dejo las llaves en la mesa junto a la puerta antes de darme completamente cuenta. No hay nadie que oiga estas noticias, ni lugar al que ir con los planes por hacer, con el pensamiento incompleto. No hay nadie que esté de acuerdo, ni en desacuerdo, nadie que conteste. «Creo que empiezo a entender por qué el dolor se parece al suspense -escribió C. S. Lewis tras la muerte de su esposa-. Es el resultado de la frustración de tantos impulsos que se habían convertido en habituales. Pensamiento tras pensamiento, sentimiento tras sentimiento, una acción tras acción tuvieron a H. como objeto. Por costumbre, sigo ajustando una flecha a la cuerda y luego recuerdo que tengo que deponer el arco. Tantos caminos llevan mi pensamiento hasta H. que emprendo viaje por uno de ellos. Pero ahora, un puerto fronterizo lo atraviesa. Antaño tantos caminos; ahora, tantos cul de sacs».


El año del pensamiento mágico, Joan Didion.

miércoles, 8 de mayo de 2013

"Tendrías que haber traído muchas cosas, pensó. Pero no las has traído, viejo. Ahora no es el momento de pensar en lo que no tienes. Piensa lo que puedes hacer con lo que hay".

El viejo y el mar, E. Hemingway


Leda 1917, Gustav Klimt

martes, 30 de abril de 2013

miércoles, 24 de abril de 2013

"Guardo cada pájaro muerto en el corazón. Y queda siempre espacio suficiente para un vuelo".

 Jorge Riechmann.


Barbara Morgan

domingo, 21 de abril de 2013



Cinco meses más tarde y casi sin quererlo, me sorprendo recordando a aquel turista que fijó sus ojos en mí un segundo antes de subir al vagón número seis. Mi única intención es sosegar el recuerdo punzante de esos dos niños con la cara sucia de carbón o de polvo, arrastrando por las vías de tren una confusión de toses y manos diminutas. En un banco cercano se hallaba un hombre esperando recibir las monedas que nacen de la mendicidad, golpeaba el futuro de esos niños, como quien limpia con violencia los restos de arena en una toalla, consciente de que jamás nadie iba a pronunciar una palabra en contra. Posiblemente fuera su padre. En cualquier parte, existe siempre la hiena que disfruta gustosamente de la porción que se le brinde, por mísera y vergonzosa que ésta sea.

La estación se había edificado al descubierto y hacía frío esa mañana -todo el viaje fue un sentirse desnudo, catorce días con la piel no cubierta por las telas que, sin embargo, mitigaban el temblor de los huesos astillados imperceptiblemente-. Nuestro cuerpos pulcros, el olor a limpieza, la suavidad de un pelo cien veces cepillado, se erigían como un signo de traición. La voracidad de sentido apenas existía allí. Todo era prontitud, celeridad, la consecución de un minuto más en el que extender las manos y volver a escuchar el sonido del metal, la recompensa, la única manera de evitar un futuro concierto de gritos y de golpes. También desconocían aquellos dos rostros infantiles de qué modo mendiga el corazón del hombre, de cualquier hombre, del hombre que desea poseer y de ese otro hombre que confunde sus lágrimas en la lluvia. 





Fotografías de Alfredo Gómez