I
Rememorar ciertos momentos gratos, punzantes o dolorosos; significativos en cualquier caso. Pensar que si no valiesen su peso en oro no podrían golpearte así. Es justo decirlo, aunque maldigas más de una vez lo mucho que dejaron pendiente.
II
Sonreír, alzar la copa justo por encima de la barbilla. Has decidido no beber sidra este año. Un líquido dorado se trasluce a través del cristal pero se trata de una bebida para niños, mucho más dulce. Un cúmulo de burbujas confluyen en la lengua: la infancia se parecía a eso.
II
Sonreír, alzar la copa justo por encima de la barbilla. Has decidido no beber sidra este año. Un líquido dorado se trasluce a través del cristal pero se trata de una bebida para niños, mucho más dulce. Un cúmulo de burbujas confluyen en la lengua: la infancia se parecía a eso.
III
Repetir ciertos ritos. Aquí no hay nada sacro (echar de menos sí, eso debiera serlo). Es mucha la madera que aguarda entre las brasas acrecentando la fe en estrellas fugaces. El carmín como escudo cuando tiemblan las manos.
IV
IV
Mirar hacia unos cuantos ojos que conoces bien: es hora de pedir un deseo, de prometer mentalmente cosas sin trascendencia que no vas a cumplir. En cuestión de segundos sonreirás de nuevo, casi sin ser consciente. A veces es sencillo dar las gracias.
V
Hay tres niños en el salón y las palabras "qué grandes están ya" reverberan en tu cabeza. Pareces mamá, te dices. Vuelves a sonreír y aflora en tu rostro un gesto dulce, confiado.
VI
El espejo te devuelve una imagen ladeada de ti misma, te detienes a observarla. Se acercan los veintiuno. Como dos cometas enredadas, a punto de precipitarse hacia el asfalto, tu trayectoria y la mía se aproximan. Tres años antes te dijimos adiós, mantuvimos el cuerpo de sal más de un invierno (y aún ahora, siendo sincera). Si pensara un instante más en eso, tendría que volver al baptisterio de luz que construimos y no existe, al tiempo de los interrogantes, del aceite hirviendo... de dibujar sobre la almohada paisajes imposibles, descuidados.
VI
El espejo te devuelve una imagen ladeada de ti misma, te detienes a observarla. Se acercan los veintiuno. Como dos cometas enredadas, a punto de precipitarse hacia el asfalto, tu trayectoria y la mía se aproximan. Tres años antes te dijimos adiós, mantuvimos el cuerpo de sal más de un invierno (y aún ahora, siendo sincera). Si pensara un instante más en eso, tendría que volver al baptisterio de luz que construimos y no existe, al tiempo de los interrogantes, del aceite hirviendo... de dibujar sobre la almohada paisajes imposibles, descuidados.
VII
"Ayúdame a lanzar todo este confeti a los mayores, tía" te repite insistentemente un niño, apretando tu mano con la suya. Para qué la nostalgia... habrías disfrutado tú también mirándole a los ojos, a su ilusión tan nueva como el primer temblor.
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