UN ATLAS DEL MUNDO DIFÍCIL (XIII DEDICATORIAS)
Sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de salir de tu oficina
la del único e intenso foco de luz amarilla y la ventana
que se ensombrece
en la lasitud de un edificio que se desvanece en la
quietud
mucho después de la hora punta.
Sé que estás leyendo este poema
de pie en una librería lejos del océano
en un día gris de principios de primavera, débiles copos
empujados
en torno a ti a través de los inmensos espacios de las
llanuras.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación en la que te ha sucedido demasiado para
poder soportarlo
en la que espirales de sábanas yacen estancadas en el
lecho
y la maleta abierta habla de fuga
pero aún no puedes irte. Sé que estás
leyendo este poema
mientras el metro disminuye la velocidad y antes de subir
corriendo las escaleras
hacia un amor diferente
que la vida nunca te ha concedido.
Sé que estás leyendo este poema a la luz
de la pantalla del televisor donde se realizan imágenes
mudas que sobresaltan
mientras esperas las últimas noticias sobre la Intifada.
Sé que estás leyendo este poema en una sala de espera
de ojos que coinciden y no se encuentran, de identidad
con extraños.
Sé que estás leyendo este poema bajo una luz fluorescente
en el aburrimiento y la fatiga de los jóvenes excluidos,
que se excluyen, demasiado
jóvenes. Sé
que estás leyendo este poema con la vista que te falla,
las gruesas
lentes agrandan estas letras más allá de todo significado
y aun así continúas
leyendo
porque hasta el alfabeto es valioso.
Sé que estás leyendo este poema yendo y viniendo junto al
horno
calentando leche, con un niño que llora en tu hombro, un
libro en la
mano
porque la vida es corta y también tú tienes sed.
Sé que estás leyendo este poema que no está en tu idioma
te imaginas algunas palabras mientras otras te hacen
seguir leyendo
y quiero saber qué palabras son ésas.
Sé que estás leyendo este poema esperando oír algo, rota
entre
la amargura y la esperanza
para volver una vez más a la tarea que no puedes
rechazar.
Sé que estás leyendo este poema porque no hay más
que leer
allí donde has arribado, desnuda como estás.
Adrienne Rich,
traducción de María Soledad Sánchez Gómez
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